El óvalo de Motegi estaría entrando en una nueva etapa dentro del actual Mobility Resort Motegi. Según reportes difundidos en X, el antiguo trazado ovalado será cubierto con césped para convertirse en una zona destinada a camping y espectadores, dejando atrás la pista que durante años conectó a Japón con CART, IndyCar y el automovilismo estadounidense de monoplazas.
Construido por Honda e inaugurado en 1997, el complejo nació como Twin Ring Motegi por la convivencia de dos trazados: un óvalo de 2.493 kilómetros y un circuito permanente de 4.801 kilómetros. En 2022, el recinto pasó a llamarse Mobility Resort Motegi.
Óvalo de Motegi: una pista creada para mirar hacia América
El óvalo de Motegi no fue un simple complemento dentro del complejo japonés. Fue parte central de un proyecto pensado para acercar a Honda con las carreras de monoplazas estadounidenses. En una época en la que CART tenía una presencia internacional más marcada, Motegi apareció como una puerta de entrada para llevar el concepto de los óvalos a Japón.
Esa característica lo hizo especial. Japón tenía una cultura automovilística fuerte, pero no una tradición de óvalos comparable con la de Estados Unidos. Motegi, en cambio, fue diseñado para recibir ese tipo de competencia.
Por eso, aunque el óvalo llevaba años sin protagonismo competitivo, su transformación tiene valor simbólico. No se trata solo de cubrir una pista con césped, sino de cerrar físicamente una parte de la historia que unió a Honda, Japón y las carreras tipo Indy.
Adrián Fernández y la primera gran huella latina en Motegi
La historia del óvalo de Motegi tiene un capítulo especialmente importante para Latinoamérica: Adrián Fernández. El piloto mexicano ganó allí la primera carrera de CART disputada en Japón, el 28 de marzo de 1998. Aquella prueba marcó el estreno competitivo del óvalo en el contexto de los monoplazas estadounidenses y convirtió a Fernández en el primer ganador de una carrera tipo Indy en Motegi.
El triunfo tuvo un peso enorme. Fernández llegó a esa carrera en una etapa clave de su carrera deportiva y consiguió la segunda victoria de su trayectoria en CART, después de haber ganado previamente en Toronto en 1996. En Motegi, además, tuvo que contener el ataque de Al Unser Jr., uno de los nombres más fuertes de la época, para cruzar la meta con una diferencia de 1.086 segundos.
Ese resultado no fue una casualidad aislada. En 1999, Fernández volvió a ganar en Motegi, consolidando una relación muy particular con el óvalo japonés. La historia recuerda al mexicano como el vencedor de las dos primeras carreras de CART en ese escenario, un dato que le da a Motegi una conexión directa con el automovilismo latinoamericano.
Para IndyMundo, ese punto es clave. Motegi no solo fue una sede internacional de CART o IndyCar. También fue un lugar donde un piloto mexicano escribió una página fuerte de la historia de la categoría, mucho antes de la actual generación latinoamericana vinculada a IndyCar.
De CART a IndyCar: una etapa marcada por Honda
CART corrió en Motegi entre 1998 y 2002. Luego, desde 2003, la carrera pasó al calendario de la IndyCar Series, en un contexto marcado por los cambios internos del automovilismo estadounidense y por el papel de Honda dentro de la categoría. El óvalo japonés se mantuvo como una sede estratégica por su vínculo directo con el fabricante y por su valor como carrera internacional.
Durante esos años, Motegi recibió triunfos importantes. Además de las victorias de Adrián Fernández en CART, el óvalo vio ganar a nombres como Michael Andretti, Kenny Bräck, Bruno Junqueira, Dan Wheldon, Hélio Castroneves, Tony Kanaan, Danica Patrick y Scott Dixon. La victoria de Danica Patrick en 2008 quedó especialmente asociada al circuito, porque fue la primera de una mujer en IndyCar.
El cierre deportivo del óvalo comenzó realmente en 2011. El terremoto y tsunami de Tōhoku dañaron el trazado ovalado, lo que obligó a IndyCar a mover su última carrera japonesa al circuito rutero de Motegi. Aquella competencia, conocida como Indy Japan: The Final, se disputó el 18 de septiembre de 2011 y fue ganada por Scott Dixon.
Una reconversión más que una demolición
Los reportes difundidos en redes apuntan a que el óvalo será cubierto con césped y adaptado para nuevos usos dentro del complejo. La lectura más prudente es hablar de una reconversión del espacio, no de una demolición total, porque la información disponible apunta a convertir el área en una zona para camping y espectadores, aprovechando su ubicación dentro del recinto.
Ese cambio encaja con la identidad actual de Mobility Resort Motegi. El complejo se presenta hoy como un destino amplio, con MotoGP, actividades familiares, experiencias de conducción, hotelería, glamping, atracciones al aire libre y espacios de entretenimiento. La propia comunicación oficial del resort destaca esa mezcla entre circuito, naturaleza y actividades para visitantes.
En ese nuevo modelo, el óvalo deja de tener sentido como pista inactiva y pasa a integrarse a la experiencia del público. Es una decisión lógica desde el punto de vista operativo, pero con una carga emocional fuerte para quienes recuerdan a Motegi como una de las sedes más singulares de CART e IndyCar fuera de Norteamérica.
El final de una pista, no de su legado
Mobility Resort Motegi seguirá siendo un recinto importante para el automovilismo japonés. El circuito permanente continúa activo y el complejo mantiene un papel relevante dentro del ecosistema deportivo de Honda. Lo que cambia es el significado del óvalo.
Durante años, fue una pista pensada para velocidad pura y para conectar Japón con las carreras estadounidenses. Ahora, si la reconversión avanza como indican los reportes, pasará a ser un espacio de público, camping y memoria. La pista que recibió a CART, IndyCar y a figuras como Adrián Fernández dejará de existir como escenario competitivo, pero no perderá su lugar en la historia.
El óvalo de Motegi fue un puente entre dos culturas del automovilismo. Fue una apuesta de Honda, una ventana internacional para CART e IndyCar y un escenario donde Latinoamérica también dejó huella. Su transformación no borra ese legado; simplemente confirma que aquella etapa ya pertenece definitivamente al pasado.